Cultura ampara los ‘caleiros’

Cuatro son del tipo tradicional y diez del industrial. La mayor parte data de los siglos XVIII y XIX y cayeron en desuso por la llegada del cemento. El Principado inicia los trámites para proteger catorce hornos de cal en el Occidente. Durante años se empleó la cal para blanquear fachadas, fabricar mortero de construcción y fertilizar la tierra. Su uso generalizado llevó a la proliferación de hornos de cal por todo el territorio asturiano. Los caleiros, como se denominan en la zona occidental, tuvieron su mayor actividad entre los siglos XVIII y XIX, quedando prácticamente abandonados a mediados del siglo XX con la llegada masiva del cemento.

La situación actual es casi de total abandono y su estado de conservación, muy deficiente. Por eso el Principado ha seleccionado los testimonios más notables que se han conservado para incluirlos en el Inventario del Patrimonio Cultural. En total, se otorgará protección patrimonial a una treintena de caleiros de toda Asturias, 14 de ellos en el Occidente, repartidos en los concejos de Taramundi, Vegadeo, Castropol, El Franco, Tineo, Cangas del Narcea, Salas y Belmonte de Miranda.

La mayor parte datan del siglo XIX, aunque muchos son de origen desconocido y de otros se tiene constancia desde el siglo XVIII, como el conjunto de caleiros de Punta a Taraxe, en Viladeveye (Castropol), donde llegaron a existir hasta 23. Se conservan contratos de compraventa del año 1772. En este caso, y a pesar de que hay constancia de «una actividad comercial inusual», los caleiros eran de tipo tradicional, como otros tres de los registrados. Habitualmente eran propiedad de varias casas que los usaban para consumo propio y venta inmediata. Los diez hornos restantes son de tipo industrial.

Cinco de ellos están ubicados en la zona del Oriente, tres en Ribadesella y dos en Llanes. La cal ha tenido a lo largo de la historia asturiana una notable importancia, siendo numerosos sus usos, que van desde los vinculados a la construcción tradicional -elaboración de morteros, utilización para blanqueo de paredes- hasta los relacionados con el abono de las tierras, sin olvidarse de su utilización en las industrias siderúrgica y química ya en épocas más recientes.

El Caleru de Sebreñu 1, ubicado en Ribadesella, fue el primero que se construyó, levantándose el número 2 varios años más tarde. En sus canteras llegaron a trabajar hasta doce personas, según la demanda que tuviesen, y tres o cuatro atendiendo a los caleros. El taller estuvo activo hasta 1975 y los hornos funcionaron hasta los años 60. La cal se vendía en la zona de Caravia y Colunga y la cantera evolucionó hacia la producción de áridos. Para ello fueron instalados dos molinos de machaqueo, conservándose elementos de uno de ellos en la actualidad. La planta de estos dos hornos genera un volumen ligeramente troncopiramidal y sus ceniceros están totalmente tupidos.

En Ribadesella se encuentra también el Caleru de La Güeda, de calcinación continua. Construido en mampostería de piedra caliza tiene una planta cuadrangular y está asentado en talud en el borde de un gran peñón calizo. De hecho, el propio asentamiento era utilizado como cantera. La anchura de este horno es menor en la parte superior que en la base, generando un volumen troncopiramidal.

En la parroquia de Pría, en Llanes, se halla el Caleru del Pinu, que se encuentra en perfecto estado de conservación. Está adosado al terreno y construido en su exterior de piedra caliza y ladrillo en las esquinas. También en Llanes se puede ver la Teyera del Pinu, donde aprecia la evolución del calero a la tejera tradicional. Debido a sus grandes dimensiones, para su funcionamiento necesitaba 30 carros en cada hornada.

Dos fueron los tipos fundamentales de hornos existentes en Asturias. El más antiguo es el horno de marcha intermitente, de origen romano y alimentado con leña hasta el siglo XVIII, cuando comienza a utilizarse el carbón de coque. Desde el siglo XIX se va imponiendo el modelo de horno de cal de marcha continua, fruto de avances técnicos que posibilitan una mayor producción con menor trabajo y uso de combustible.

 

INVENTARIO DE CALEIROS

Caleiro d’ A Cruz, Ouria (Taramundi): construido hacia 1930.

Fábrica de cal La Sopresa (Vegadeo): de tipología industrial.

Conjunto de Punta A Taraxe, Viladeveye (Castropol): llegó a haber hasta 23 caleiros en la zona.

Casa Carbayón, Viladeveye (Castropol): en uso hasta 1930.

El Couz (El Franco): vendía cal al concejo y a Villayón.

As Penas (El Franco): se dejó de usar por el coste del carbón.

Pueblu, Vega de Rengos (Cangas): en el núcleo hay noticia de cuatro instalaciones más.

Entrepenas, Naraval (Tineo): se tienen datos de 1831.

Regueiru de Euscoría, Caeras (Tineo): de finales del XVIII.

Castandiel, Navelgas (Tineo): en uso hasta 1960.

Tarulo, El Rodical (Tineo): de finales del siglo XIX.

Rioforno, Outeiru (Salas): abandonado en la guerra civil.

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