El Zorzal Común (Turdus philomelos)

 

Zorzal común (Tordos philomelos)
Zorzal común (Tordos philomelos)

Una de las imágenes más características del invierno mediterráneo la constituyen los nutridos bandos de zorzales comunes trajinando por los olivares o los sotos y reuniéndose al atardecer en riberas y lagunas al amparo del carrizal. Sin embargo, aunque se trata de una especie muy habitual durante la invernada en nuestras campiñas, este túrdido también frecuenta los frescos bosques del norte peninsular a la hora de reproducirse. En el pasado —y todavía hoy— el zorzal común ha soportado una intensa presión cinegética, de la que se recupera gracias a su notable fecundidad.

Clasificación: Orden Passeriformes; familia Turdidae

Longitud: 20-22 cm

Envergadura: 33-36 cm

Identificación: Se trata de un zorzal de tamaño medio, con las regiones dorsales de un color pardo algo más cálido que el del zorzal charlo. Las partes inferiores presentan tonos claros, blanquecinos en el vientre y de un color ocre amarillento en el pecho, y aparecen profusamente tachonadas por motas en forma de cuña que, en la zona del cuello, se ordenan para dar lugar a una fina bigotera . Suele desplazarse por el suelo, aunque se posa en la parte más alta de arbustos y árboles para cantar. Su vuelo, rápido y algo espasmódico, permite observar la característica coloración herrumbrosa de su zona axilar, que facilita su diferenciación de otros zorzales.

Canto: A menudo emite como reclamo un fino sonido, parecido a un zit, agudo y suave. La voz de alarma es un chuc-chu-chu-chuc, nervioso y estridente, mientras que el canto, melodioso, incluye secuencias repetitivas de dos notas diferentes gorjeantes y aflautadas.

Dónde vive: Las poblaciones reproductoras se instalan, preferentemente, en enclaves con clima templado y húmedo. En nuestro país, la especie se distribuye de manera bastante homogénea por todo el tercio norte peninsular y de forma más dispersa por las principales cordilleras del centro, mientras que en el sur resulta muy rara. Las poblaciones invernantes, sin embargo, se extienden por toda la Península. La especie falta en Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla como reproductora, pero sí ocupa esas áreas en invierno.

Desplazamientos: Las poblaciones del este y norte de Europa son migradoras parciales o totales, mientras que las centroeuropeas son mayoritariamente residentes o migradoras parciales. España acoge un buen número de individuos invernantes, que comienzan a llegar en septiembre, procedentes —según datos derivados del anillamiento científico— de numerosos países europeos (Suecia, Noruega, Finlandia, Bélgica, Chequia, Polonia, Reino Unido, Irlanda, etc.). Las poblaciones ibéricas reproductoras, por su parte, se muestran sedentarias o, a lo sumo, emprenden desplazamientos cortos durante la estación desfavorable. Una buena parte de los ejemplares que aparecen en otoño en España continúan su viaje migratorio hasta llegar al norte de África. Cruzan el Mediterráneo entre septiembre y noviembre y regresan a Europa a lo largo de febrero, marzo y abril.

Población: Se estima una población de 12-25 millones de parejas reproductoras en Europa y de 200.000-400.000 parejas en España. La tendencia poblacional de la especie ha sido claramente positiva en la última década, según indican los resultados del programa SACRE, que muestran un incremento medio anual cercano al 9%.

Hábitat: Durante la reproducción ocupa zonas boscosas densas — fundamentalmente, de coníferas o caducifolios— con abundancia de sotobosque, en cotas que van desde el nivel del mar hasta los 1.500 metros de altitud. Menos selectivo en invierno, frecuenta zonas forestales mucho más abiertas, formaciones arbustivas y campos de cultivo. En el tercio norte de España se detectan elevadas concentraciones de zorzales en bosques con abundante acebo, mientras que en el resto del país llegan a ser muy numerosos en los olivares. También se registran importantes bandos en lentiscares, sabinares y enebrales.

Alimentación: El zorzal común consume una gran variedad de invertebrados, pero muestra una especial predilección por los caracoles, cuya concha rompe sobre una piedra o una rama (dibujo 3). En otoño e invierno su dieta se hace más vegetariana e incluye frutas, bayas y semillas de todo tipo, tanto silvestres como cultivadas. En la Península prefiere los frutos de acebos, olivos, enebros, sabinas y lentiscos.

Reproducción: El periodo reproductor de estas aves es prolongado, ya que puede iniciarse a finales de febrero o primeros de marzo y concluir, en las parejas más tardías, a finales de agosto o principios de septiembre, si bien lo habitual es que comience en el mes de abril. La construcción del nido corre a cargo de la hembra, que suele instalarlo en la horquilla de un árbol o arbusto, en alguna repisa rocosa protegida por vegetación o, incluso, en el suelo. Para su confección utiliza raíces, hierbas y ramitas que teje hasta formar una consistente y compacta taza, reforzada con barro y tapizada internamente con materiales más suaves. La puesta consta de tres a cinco huevos de color azul claro y muy moteados, que generalmente incuba la hembra durante 10-17 días. Los pollos nacen en mayo o junio y son alimentados por ambos progenitores durante 11-17 días. Transcurrido ese tiempo, los jóvenes habrán completado su desarrollo; no obstante, dependerán de los padres algunos días más hasta lograr alimentarse de manera autónoma. Es habitual que las parejas realicen dos o tres puestas, e incluso, de forma extraordinaria, cuatro; de ahí su amplio periodo reproductor.

Amenazas y conservación: Al ser un ave silvestre muy apreciada tradicionalmente para el consumo humano, el zorzal común ha padecido una gran presión cinegética en el pasado —tanto para convertirlo en plato de caza, como para su exportación en forma de conservas—, además de sufrir el expolio de sus huevos. Si bien sigue siendo un ave cinegética, en la actualidad su caza es mucho menos habitual, y ya no es víctima de las diferentes artes de captura (liga, parany, cepo de costilla) ahora ilegales. Los individuos más afectados por esta actividad, legal o ilegal, son los invernantes que acuden masivamente a nuestro territorio coincidiendo con la época de caza. No obstante, al tratarse de una especie muy adaptable y poco exigente — llega a anidar con éxito en parques y jardines—, omnívora y prolífica, en los últimos años ha podido recuperarse bien de la enorme presión cinegética sufrida.

Meses en los que puede verse en España: Todo el año.

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