Los Supervisores de la Montaña

Los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) son la cara amable y benemérita de la Guardia Civil. Fueron creados en 1981 con una doble función: participar en rescates de montaña y espeleología y realizar labores de Policía Judicial en la montaña. Sus antecedentes inmediatos habría que encontrarlos en las Comandancias de Frontera de la etapa franquista y en las unidades de esquiadores y escaladores, operativas a partir de 1967. En los 33 años de existencia, los Greim llevan efectuadas 16.607 intervenciones que se saldaron con 2.193 muertos, 10.082 heridos y 17.070 personas ilesas. En su guía 062 de rescates en montaña, de la que se repartieron 15.000 ejemplares en Asturias, le comentan al que va a ser rescatado que «ante todo paciencia. El tiempo correrá lentamente para quien espera la ayuda, mientras que para el grupo de rescate lo hará muy rápido».

A efectos de rescate e intervención en la montaña, el territorio nacional está dividido en cinco grandes áreas: Jaca, Cangas de Onís, Navacerrada, Granada y Viella. Así pues, Cangas de Onís, al mando de un oficial, es la cabeza de una sección que se corresponde con el noroeste peninsular y a ella están vinculados los servicios de montaña con sede en Mieres, Sabero, Potes y la localidad orensana de Puebla de Trives. A la vista de esta diversidad geográfica, queda claro que estos grupos de la Guardia Civil «actúan por cercanía, no por provincias, y nos movemos en función de los macizos montañosos». Si el rescate al que se enfrentan fuera de entidad elevada cualquier unidad puede desplazarse a otras áreas. Y es posible que «en caso de accidentes de espeleología o avalanchas de nieve, los dos supuestos de mayor riesgo, se pueda llegar a movilizar hasta 80 efectivos». Así lo confirma el alférez jefe del Área de Cangas de Onís, Pablo Villabrille Sampedro, quien asegura que «nuestra actuación más compleja sería la de enfrentarnos al rescate de un espeleólogo a partir de 300 o 400 metros de profundidad».

En los doce últimos meses, desde julio de 2013 a junio de 2014, el servicio de montaña de Cangas de Onís realizó 37 intervenciones que se saldaron con 48 personas auxiliadas y el resultado fue de cuatro muertos, 15 heridos y 29 ilesos. Realizaban su última intervención el pasado 14 de junio con motivo de la carrera de montaña conocida como Travesera de los Picos de Europa, que en el parte de incidencias se saldó con tres corredores evacuados por problemas físicos y la atención a un espectador con quemaduras en el cuerpo tras haberse precipitado por un nevero.

Once son los especialistas que forman la unidad de montaña con sede en Cangas de Onís y ninguno de ellos permanece de brazos cruzados. Dos prestan guardia continuada y los otros nueve se dedican cada jornada a conocer a fondo la zona de trabajo que tienen asignada y a realizar prácticas de salvamento, orientadas básicamente al rescate en paredes y simas. Aquellos que piensen desplazarse a la montaña, además de guardar las debidas precauciones, deben sentirse tranquilos porque los especialistas que tienen que llegar a atenderles disponen de un retén de guardia que está operativo las 24 horas del día, durante los 365 días del año. Y los rescatadores cangueses cuentan con el apoyo de ‘Kalo’, un perro pastor alemán entrenado para la búsqueda de sepultados en la nieve y desaparecidos en grandes áreas geográficas.

Cuatro son básicamente las funciones que la Guardia Civil asigna a sus servicios de montaña: prestar auxilio a personas accidentadas, perdidas o aisladas; velar por el cumplimiento de las disposiciones relativas a la conservación de la naturaleza; garantizar el cumplimiento de la legislación vigente en sus zonas de actuación; y realizar servicios de vigilancia, prevención y mantenimiento del orden público en pistas de esquí y en competiciones deportivas de montaña.

Cumplir esos objetivos genera una gran carga de trabajo y más en las últimas décadas con el elevado aumento de las actividades al aire libre, la alternativa al turismo de costa, sol y playa. Desde su experiencia explica Pablo Villabrille que «la presencia de montañeros en verano es altísima y a la Ruta del Cares acude gente con poca preparación que sufre problemas de deshidratación, esguinces y caídas desde diferentes niveles. Son personas con poca experiencia, que llegan en mayor número y con menos previsiones. Los llamados visitantes esporádicos a los Picos de Europa sobrevaloran sus posibilidades, no se asesoran previamente y tampoco se acompañan de material adecuado». El invierno es la otra cara de la moneda con presencia en la zona de montañeros más expertos. Son pocos y padecen menos accidentes porque tienen en su mente posibles variables y alternativas. Eso sí, las salidas invernales del grupo de rescate les obliga a enfrentarse a situaciones «más lesivas y peligrosas», derivadas de alertas relacionadas con «el esquí de montaña, corredores de hielo y mortales avalanchas de nieve, donde el deportista fallece por asfixia».

Anuncios