Anciana Wintun

Los blancos siempre se han burlado de la Tierra, del antílope o del oso. Cuando nosotros, indios, cazamos jabalíes, nos los comemos sin dejar restos. Cuando desenterramos raíces, practicamos pequeños hoyos. Cuando construímos nuestras casas, practicamos pequeños hoyos. Cuando quemamos hierba por los saltamontes, no lo arrasamos todo.
Para recoger bellotas y piñones, sacudimos las ramas. No cortamos los árboles. Para hacer fuego, sólo utilizamos ramas muertas.
Pero los blancos remueven la Tierra, talan árboles, lo devastan todo. El árbol dice: “para, me duele, no me hagas daño”. Pero lo talan y lo cortan a trozos. El Espíritu de la Tierra los odia. Le arrancan los árboles y hacen que se estremezca en lo más profundo.
¿Cómo podría el Espíritu de la Tierra amar al hombre blanco si cuando la toca es para lastimarla?
Anuncios