Asturias, generalidades

Según el último padrón del INE de 2014, Asturias cuenta con una población de 1.061.256 habitantes distribuidos en 7.000 núcleos y 78 concejos, siendo una de las autonomías que menos crece, al tiempo que muestra una pirámide de edad bastante envejecida. La mayor densidad poblacional se concentra en el centro de la región, constituyendo el triángulo Gijón-Avilés-Oviedo, junto a las cuencas mineras del Nalón y el Caudal (Langreo-Mieres), el aglomerado metropolitano Ciudad Astur, que con sus 800.000 habitantes es el octavo de España. El resto del territorio, con la salvedad de la costa, está casi vacío, y los bosques han vuelto a enseñorearse de valles que hace unas décadas eran florecientes explotaciones hulleras, multiplicándose los espacios naturales, que forman un todo continuo por la cordillera Cantábrica y sus contrafuertes desde Cangas del Narcea a Picos de Europa.

Si a primera vista podemos entender que Asturias aparece definida por conceptos duales (costa y montaña, urbe y campo, industria y ruralidad…), a poco que aproximemos nuestra lupa al terreno iremos descubriendo los matices y lo que algún autor ha definido como el encanto trinitario asturiano. En el sentido de los meridianos el espacio queda dividido en occidente, centro y oriente; y en el de los paralelos, en costa, valles intermedios y montaña. De nuevo tres ciudades son las que acogen a la mayoría de la población: Gijón, Oviedo y Avilés. Jugando con este número, que ya desde la Antigüedad encerraba la perfección divina, la promoción turística ha elegido como su emblema predilecto la ventana trífora del arte prerrománico. Por su parte el trisquel, motivo simbólico céltico, ha sido designado para plasmar la categoría de las casas rurales.

Por más que las barreras montañosas siempre han supuesto un impedimento para la comunicación con el exterior, y muy especialmente con la meseta de ese León que con la Reconquista se llevó la capital del reino, y al que más tarde han ido a secarse los asturianos de humedades acumuladas, las circunstancias han mudado notablemente en los últimos años y las nuevas autovías están modificando completamente el mapa de los desplazamientos y la distribución de las zonas residenciales. A todo ello hay que sumar la red de autovías gratuitas interiores, especialmente densas en el centro, y el buen estado de la mayoría de las carreteras regionales, con muchas curvas y cuestas, es cierto, pero en general impecables y muy aptas para disfrutar del paisaje sin prisa, como lo haríamos por la campiña bretona o irlandesa.

En la historia reciente de la Comunidad, la crisis minera e industrial ha sido uno de los episodios más determinantes. El carbón y la siderurgia de los países emergentes restó competitividad a las explotaciones y fábricas de Asturias, especialmente radicadas en las cuencas del ocho asturiano, trazado por los valles del Caudal (Mieres/Pola de Lena) y Nalón (Langreo/El Entrego). Asturias se ha visto forzada a evolucionar hacia la sociedad postindustrial, optando por las empresas tecnológicas y la potenciación de servicios, entre ellos el turismo. Esta reordenación ha supuesto, en cierto modo, una vuelta a las raíces del país verde, de los bosques y las montañas ancestrales, ha permitido reivindicar el papel emblemático del oso y el urogallo, renovar el orgullo por una ganadería autóctona que produce buenas carnes, leche de calidad y un gran número de quesos tradicionales.

El anterior proceso también ha afectado a las ciudades, que se han ido especializando sin competir desaforadamente entre ellas: Oviedo, la capital, como centro administrativo, comercial y universitario, con una meritoria rehabilitación y peatonalización de su centro urbano; Gijón, la urbe más poblada, potenciando su puerto de El Musel, y recuperando su litoral para el disfrute de los ciudadanos o, en el plano de la cultura, el gran edificio del Laboral; Avilés, que sufrió como pocas ciudades la reconversión de los altos hornos, con la puesta en valor de su casco medieval, y a través de proyectos singulares como el de la Isla de la Innovación.

Los asturianos son los que manifiestan un mayor sentido de pertenencia a su tierra. Sin necesidad de habitar en una “comunidad histórica”, ni de una política nacionalista, ni de una lengua con arraigo oficial, el fuerte arraigo y la identificación con el territorio van en aumento, y es algo que se percibe, por ejemplo, en un respeto a los valores naturales (Asturias es la región con mayor sensibilidad ecológica de España), a través de la participación en grandes convocatorias asturianistas, en la difusión de las manifestaciones folclóricas y musicales (vinculadas con el mundo céltico) e incluso en una acendrada fidelidad a la gastronomía tradicional.

La promoción turística también ha intentado anclarse con fuerza en estos valores “de país”, apostando como en pocos lugares de España por lo verde y lo ecológico, y actuando en consecuencia con medidas protectoras, bastante estrictas, de la naturaleza y el paisaje. Es así como Asturias se ha convertido en uno de los paraísos del senderismo, y su hostelería destaca especialmente por la abundancia de la oferta dirigida a las familias, con multitud de apartamentos rurales y casas de aldea, la mayoría de alquiler completo para períodos vacacionales de cierta duración. Los alojamientos rurales han proliferado, auspiciados por las políticas de reconversión minera e industrial, en la práctica totalidad de los concejos asturianos, distribuyendo la oferta, de forma equilibrada, por todo el territorio. Asturias es la región española con más plazas de turismo rural por km2, y seis de sus concejos se sitúan entre los diez que más casas poseen en España: Llanes, Cangas de Onís, Piloña, Cangas del Narcea, Villaviciosa y Cabrales.

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