Sobre la reforma laboral de Rajoy y los Campos de Concentración (2ª parte)

Pero detrás de todo esto no puede haber más que una intención oculta. Ustedes saben que privando a la masa trabajadora de medios decentes de vida y de supervivencia, privándola de una educación de calidad, atiborrándola de televisión basura para anular el pensamiento crítico, fomentando la obligación de comprar, consumir, satisfacer sus impuestos, pagar, generar en fin la dependencia física y psíquica de su sistema; incluso, rizando el rizo, extendiendo el temor a ser excluido, hacer sentir a los (por el momento) privilegiados que su suerte puede acabar, que pueden perder su estatus (miedo por su salud, su jubilación, su futuro). Así, crean más rebaño, más gregarismo.

Un caldo de cultivo propicio donde, en el momento más preciso, eclosione con más fuerza y virulencia un fascismo de nuevo cuño. Formado y nutrido por amantes de sensaciones totalitarias de todo tipo. Este debe ser su objetivo, señores del PP. Un ejército de descerebrados que actúen bajo el mandato del capital, del que ustedes no son sino meras marionetas abducidas y convencidas. De ahí a elegir y señalar como objetivo a todo aquello que les pueda resultar molesto por obstaculizar sus fines (homosexuales, intelectuales, disidentes, revolucionarios,…) y volver a crear un 10 de noviembre de 1938, un amanecer negro tras una nueva “Kristallnacht”, sólo hay un paso. Y ustedes están corriendo hacia él. Decidida. Ciega. Locamente.

Yo termino aquí. Dejo paso (sin su permiso) a Javier Marías. Hasta la próxima, que será muy pronto…
“[Mariano Rajoy] siempre me ha parecido un cabeza hueca. Un hombre sin ideas y desde luego sin ímpetu, sin capacidad para entusiasmar a la gente, ni siquiera para crearle ilusión y esperanza. Esto no quita para que, consciente de sus limitaciones, pueda poseer cierta astucia. La astucia clásica de las personas sin ideas consiste en hacerse la esfinge: permanecen calladas mientras los demás parlotean, se muestran enigmáticas e inescrutables, consiguen que los otros se mantengan a la expectativa de sus escasos pronunciamientos, a los que se acaba por dar valor sólo por eso, por su escasez. Siento decirlo -y con ello no insinúo en modo alguno que la política de Rajoy vaya a tener nada que ver con la de un dictador-, pero la actitud que hasta ahora está adoptando me recuerda, de lo que yo he conocido, más a la de Franco que a la de ningún otro gobernante posterior. Los jóvenes lo ignoran y los maduros lo van olvidando, pero aquel aciago individuo era así: hermético, imperturbable, cazurro, frío, taimado. Sólo hablaba en discursos memorizados, rutinarios, hueros. Lanzaba a sus ministros por delante, los hacía quemarse, los nombraba o destituía sin dignarse comunicárselo. Y, por supuesto, jamás se rebajaba a dar explicaciones a nadie, y menos que a nadie a la prensa y a los ciudadanos, que eran meros sojuzgados. Rajoy -quién si no- ha tomado ya unas cuantas medidas duras y ha incumplido no pocas de las promesas de su larguísima campaña electoral. Él, sin embargo, anda desaparecido, no ha dicho “esta boca es mía” y se lo ha dejado todo a sus subordinados, como si nada fuera con él…”

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