La llamada de la tribu (11 de diciembre de 2011)

Muy a menudo, durante la juventud temprana, uno se pregunta de dónde puede haber salido y por qué es tan diferente del resto de su familia. Son preguntas que surgen de forma automática cuando miras a tu alrededor. Las diferencias suelen comenzar con los gustos musicales. Mis preferencias por los Rolling Stones cavaron una brecha insalvable con mis hermanas, que siempre fueron más de los Beatles. A partir de alinearme con sus satánicas majestades ya nada fue igual. Los muros empezaron a elevarse y yo a quedarme aislado. Unas cosas llevaron a otras.

Las preguntas empezaron a surgir. A la misma velocidad y con la misma intensidad que la insatisfacción ante las respuestas que recibía. Comencé a buscar mis propias razones. Ante “verdades oficiales” sentía crecer en mí nuevas preguntas, cada vez más esquinadas, más angulosas, más intencionadas y más sutiles, que solían terminar en un “porque lo digo yo y punto”, rematado con un “y si no estás de acuerdo, ya sabes dónde está la puerta”…

Y siempre supe dónde estaba. Así que decidí atravesarla. Desde aquel momento dejé de aceptar las cosas como querían dármelas. Seguí preguntando.

Me han invitado a un almuerzo familiar. Uno de esos extraños almuerzos en los que ya nunca coincidimos todos los miembros del clan porque somos muchos, porque vivimos muy alejados y porque (ellos) se han reproducido con fruición. Aún así se avecina una mesa larga y poblada.

Uno suele ir a esos encuentros con ánimos encontrados. Compartir con la familia es algo que primitivamente siempre deseo. Pasa tanto tiempo entre ocasión y ocasión que termino, indefectiblemente,  idealizándolo. Mi lado animal busca su manada. En el lado opuesto, la racionalidad de la experiencia provee todas las precauciones posibles: discusiones, encontronazos, descubrir la milonga del adeene compartido viendo al de enfrente tan distinto viniendo del mismo sitio, hace que prefiera evitar estos encuentros y seguir limitándome a la tarjeta navideña.

Así, entre animalidad (tribu) y racionalidad (mi yo) he resuelto el conflicto y allí vamos.

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