Roquedos y pastizales de montaña en los Picos de Europa

En las altas cumbres, las plantas son de pequeño tamaño y los arbustos almohadillados, además de crecer dispersos ya que por encima de los 1.600 m las condiciones climáticas son extremas: fuertes vientos y prolongados períodos de nieve hacen que el bosque no pueda soportar estas condiciones.

Las flores de alta montaña

Las plantas que viven en este área tienen diferentes respuestas adaptativas en su estructura, como el lastón de montaña (Helictotrichon sedenense) que presenta un biotipo graminoide, un tallo largo y flexible que no se quiebra a pesar de los fuertes vientos que soplan en las cumbres; o la silene sin tallo (Silene acaulis) que con su aspecto almohadillado es capaz de crearse un microambiente adecuado para sobrevivir. Cuando cae la nieve, las plantas quedan protegidas por ella, en un efecto iglú que las mantiene al abrigo de las heladas más duras. Pero con frecuencia, el viento arrastra dicha cubierta y los vegetales se ven expuestos a muy bajas temperaturas.

La vida en los neveros

En las cotas más elevadas, donde la nieve se acumula durante un largo tiempo, crecen ciertas plantas adaptadas a un breve ciclo biológico que, en ocasiones es inferior a cuatro meses. La situación de estos neveros, en zonas sombrías y su lento deshielo en verano, permiten que la sequedad estival no afecte al desarrollo de plantas que, como la saxífraga (Saxifraga oppositifolia) de vistosas flores púrpuras, el llantén de los alpes (Plantago alpina) o el ranúnculo alpestre (Ranunculus alpestris) de pequeñas florecillas blancas, se desarrollan en estos parajes.

Roquedos y pedregales

En los roquedos alpinos, las plantas resisten temperaturas cercanas a los -20ºC y debido a que no poseen una cubierta de nieve en invierno, presentan biotipos adaptados a la menor pérdida de agua posible. Las comunidades de pedregal crecen sobre suelos raquíticos y se han adaptado a la constante movilidad del substrato; para ello, desarrollan raíces muy profundas que les permiten anclarse al mismo y presentan un biotipo postrado, como la crepis enana (Crepis pygmaea), que permite el paso de piedras por encima.

Los roquedos alpinos y subalpinos son pobres desde el punto de vista faunístico por la falta de recursos y la dureza climática. Entre los habitantes que podemos observar con más facilidad se encuentran el acentor alpino (Prunella collaris), el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), el gorrión alpino (Montifringilla nivalis) y las chovas piquirroja (Pyrrhocorax pryrrhocorax) y piquigualda (Pyrrhocorax graculus) que habitan en los roquedos y cantiles y que bajan a comer a los prados.

Entre las grandes rapaces, el Parque cuenta con varias especies como el águila real (Aquila chrysaetos), que planea sobre los elevados riscos y presenta en estas montañas el núcleo de reproducción más numeroso de la cordillera cantábrica; y el buitre leonado (Gyps fulvus), que anida en los riscos más inaccesibles. Por otra parte, el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) desapareció como especie reproductora en 1935, aunque en los últimos años se están avistando algunos ejemplares en la zona oriental del Macizo. El curioso treparriscos (Trichodroma muraria), símbolo de la avifauna rupícula, habita en cortados, ricos y farallones y construye sus nidos en las grietas de los inaccesibles roquedos verticales.

Los prados subalpinos

Los prados más nutritivos para la ganadería de montaña son los cervunales, prados subalpinos tapizados por el cervuno (Nardus stricta) y Elyna myosuroides que forman densos céspedes y que, en primavera y en verano, están salpicados de flores como los acónitos, los narcisos y las prímulas.

El lobo: instinto de supervivencia

El lobo es quizás la especie que más ha sufrido el acoso del hombre en España y probablemente en todo el mundo, por su fama merecida de depredador, especialmente de animales que le son fáciles de cazar, como el ganado doméstico.

El lobo en España

A pesar de todo, y después de haber visto reducida su población en los años 70 y 80, hoy se recupera y se extiende gracias a su capacidad de adaptación y astucia.

En los Picos de Europa, el lobo ocupa el peldaño superior de la cadena trófica. En ambientes silvestres poco humanizados preda sobre rebecos, corzos, jabalíes, pequeños mamíferos e incluso reptiles o aves. En las zonas de mayor presencia de ganado le resulta más fácil capturar ovejas, cabras, potros y terneros. Esta circunstancia le hace vulnerable ante la presión de la población local sobre el que es su mayor enemigo.

En este sentido, la administración del Parque desarrolla programas de gestión del lobo, que tienen por objeto asegurar su conservación dentro de unos intervalos poblacionales estables, al tiempo que se intenta crear progresivamente, una conciencia favorable entre la población local.

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