El Bosque Atlántico en los Picos de Europa

En Picos de Europa aún es posible encontrar magníficos ejemplos de bosque atlántico, propio de la España Eurosiberiana, que ofrece al visitante una gran diversidad de formaciones dependientes de la altitud, clima y naturaleza de los suelos. Estos bosques han sido intensamente aprovechados por el hombre, a pesar ello, conservan todo en su esplendor en muchas zonas del Parque.

Bosques mixtos, una belleza escasa

Los bosques mixtos atlánticos de Picos de Europa, reliquias difíciles de encontrar en España, aparecen en las zonas más bajas del monte e intercalados con los prados de siega. Robles y avellanos se entremezclan con arces, tilos, fresnos, castaños y nogales; a sus pies, un sotobosque de zarzas, brezos y arbustos espinosos proporciona sustento y refugio a numerosas aves.

Allí habitan el corzo (Capreolus capreolus) y el jabalí (Sus scrofa) junto al tejón (Meles meles), que en el crepúsculo abandona su madriguera en busca de alimento. Entre otros, la marta (Martes martes), el armiño (Mustela erminea) y la comadreja (Mustela nivalis) encuentran su hábitat en estos bosques

Encinares relictos

A pesar del predominio del clima atlántico en la práctica totalidad del parque Nacional, en la zona de la Liébana (al SE de los Picos de Europa) y en los cañones y desfiladeros de los ríos Sella, Cares y Deva, se dan condiciones d clima mediterráneo, sobre todo por la presencia de vientos de componente sur de carácter desecante, que favorecen el desarrollo de una vegetación perenne de tipo mediterránea.

Sorprende, especialmente en las paredes rocosas de los desfiladeros, el desarrollo de densos bosquetes de encinas, laurel, madroño y otras plantas propias de ambientes más secos. Estos bosques aparecen incluso en laderas suaves de orientación sur, a altitudes entre los 50 y los 650 m. Son masas relictas, que en épocas de clima más seco, ocuparon posiblemente la mayor parte del fondo de los valles.

Hayedos umbríos y frondosos

El bosque más atractivo de todo el Parque Nacional de los Picos de Europa es el hayedo. Las grandes masas forestales compuestas de corpulentas hayas (Fagus sylvatica) cubren las laderas de las montañas que, salpicadas de otras especies, las llenan de tonalidades, formas y contrastes. Nos sumergimos en el misterioso y frondoso hayedo.

En verano, las diferentes especies arbóreas exhiben un verdor refrescante, contrapunto a las temperaturas más cálidas de la estación. La entrada en el otoño confiere al Parque una gran riqueza cromática: las hayas cobrizas junto a los robles y castaños rojizos contrastan con los amarillos abedules y el verde, aún intenso, de brezos y piornos.

En invierno, el visitante podrá internarse en un bosque desnudo, alfombrado con un espeso manto de hojas. Las nieblas en el hayedo son típicas del verano y el otoño, mientras que en invierno ocupan zonas muy bajas (de 0 a 500 m) y próximas a la costa. Es la estación donde el lirón gris (Glis glis) dormido, aguarda el paso del frío.

Y en primavera, las yemas infladas y rojizas de las hayas apuntan en sus ramas

El bosque en la encainada

La existencia de estos bosques está ligada a unas precipitaciones elevadas y repartidas a lo largo del año y numerosos días de niebla (encainada). Forman masas muy densas, donde la luz penetra débilmente, por lo que las únicas especies que aparecen son amantes de sombra. Avellanos (Corylus avellana), serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), lauréola (Daphne laureola), lúzula del bosque (Luzula sylvatica), anémona del bosque (Anemone nemorosa), hepática (Hepatica nobilis), pírola (Pyrola minor), y jacinto estrellado (Scilla lilio-hyacinthus) conforman el sotobosque.

A pesar de su aspecto, selvático e impenetrable, durante siglos estos bosques han soportado el asedio humano y hoy en día presentan matorrales de sustitución en numerosos puntos a base de tojos, brezos y piornos.

La fauna en el bosque

El ave emblemática de los Picos de Europa es el urogallo (Tetrao urogallus) aunque su figura es cada vez más difícil de observar. Otro ave no tan escasa, pero huidiza y difícil de avistar es el pito negro (Dryocopus martius), un pájaro de mediana envergadura cuyo repiqueteo en los troncos de las hayas es habitual escuchar por el bosque. Más pequeños y abundantes, podemos encontrar al petirrojo (Erithacus rubecula), al carbonero garrapinos (Parus ater), al reyezuelo sencillo (Regulus regulus) y al trepador azul (Sitta europaea) entre otros.

En los prados y herbazales más húmedos podemos observar algunos saurios como el lución (Anguis fragilis).

Entre los mamíferos, los huidizos corzos son comunes en estos bosques, así como el gato montés (Felis silvestris), que prefiere zonas boscosas más amplias. Abundan todo tipo de mustélidos como la marta, el tejón, el armiño, la gineta o el turón.

Otro mamífero abundante en el Parque Nacional es el jabalí, que deja huella de su paso nocturno en los prados, para refugiarse de día en la densidad de los bosques.

Lamentablemente, el oso (Ursus arctos) fue exterminado de la zona hace décadas, de manera que, en la actualidad, pueden avistarse de forma ocasional individuos procedentes del núcleo oriental de la Cordillera Cantábrica, que buscan refugio y sustento en estos hayedos. A tal fin, la administración del Parque desarrolla un programa específico para la conservación del oso, en coordinación con los planes de manejo de fauna existentes en las Comunidades Autónomas.

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