Raíces Celtas

El tejo (texu) representa el vínculo de los asturianos paganos con la Tierra, los antepasados y la religión antigua

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Diosa Deva

Antes de la llegada del cristianismo, los Astures rendían culto a los antiguos dioses célticos. Montes y ríos eran consagrados a Deva, Taranis gobernaba las tormentas y protegía a los guerreros en las batallas, los bosques y las bestias estaban bajo los cuidados del astado Cernunnos; Lug/Lugus, el resplandeciente, contemplaba la vida de la tribu. Todos ellos, reconocidos y adorados, dieron nombre a multitud de lugares, lugares que hoy en día mantienen dichas raíces célticas.La cristianización de Asturias sólo tuvo lugar a partir de mediados del siglo VI, cuando toda una serie de evangelizadores eremitas iniciaron la predicación de la doctrina cristiana entre los lugareños. Pero la nueva religión, si bien fue tolerada, avanzaba de una manera muy lenta. Tan premioso y complicado fue su avance que puede decirse con total certeza que el cristianismo  jamás llegó a significar el olvido de las antiguas divinidades. Es más, no debemos olvidar que en un principio la cristianización de Asturias se llevó a cabo por vías no demasiado ortodoxas:

el Parroquial Suevo atribuía a la sede de los bretones las parroquias existentes en el territorio asturiano, por lo que es probable que las primitivas formas de cristianismo usuales en Asturias no difirieran demasiado de las existentes entre las iglesias celtas de las islas Británicas, entre ellas la tonsura de sus monjes, que por sus reminiscencias paganas fue condenada por el IV Concilio de Toledo. Quedan hoy en día en Galicia numerosas leyendas pías relativas a religiosos que viajaron por mar hasta las costas del Paraíso, como por ejemplo San Amaro, Trezenzonio o Ero de Armenteira: leyendas que guardan enormes paralelismos con las historias de San Brandán el Navegante, San Maclovio de Gales o los imramma irlandeses. Por otro lado, lo cierto es que el paganismo influyó incluso en las prácticas de la Iglesia Católica en Asturias: no era infrecuente que los sacerdotes participasen en los conjuros para impedir la llegada del Nuberu a una determinada parroquia, y en la figura de los freros se conservan las últimos vestigios de la poesía mitológica en la Asturias tradicional.

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Dios Taranis

Pero el cristianismo arraigó y en él vieron los futuros Reyes de Asturias una buena herramienta para establecer su poder, reactivando y promocionando la frágil religión. Así el retoño, temeroso del gran pasado pagano, sintiéndose inferior creció despótico, vigilante y rencoroso, dispuesto a aniquilar a su viejo oponente. Se dictaron normas, y el apego a los cultos paganos fue reprendido y perseguido por la nueva Iglesia que veía impotente como su Dios Único perdía terreno ante las Xanas y los antiguos Dioses que mantenían su ‘vida’ gracias a las creencias populares y coexistían sincréticamente con la nueva religión. Simplemente, dormían (como el viejo Merlín o como los Tuatha) aguardando su regreso en el momento en que de nuevo fueran necesarios.

Todo rezumaba celtismo. En el valle medio del Sella, zona donde se asienta Cangas de Onís, existía un área dolménica que databa de época megalítica, probablemente del periodo 4000 – 2000 adC. En ella, particularmente en el dolmen de Santa Cruz, se realizaban los enterramientos rituales de los jefes tribales de la comarca. Dicha práctica pervivió tras las conquistas romana y visigótica, y lo hizo hasta tal punto que todavía en el siglo VIII el rey Favila fue enterrado allí, en el mismo lugar donde reposaban los restos de caudillos ancestrales. Aunque la propia monarquía asturiana patrocinó la cristianización del lugar (ordenando la edificación de una iglesia), lo cierto es que aun hoy existen tradiciones paganizantes que afirman que el dolmen de Santa Cruz está poblado por xanas y que la tierra que se extrae de su suelo tiene propiedades curativas.

Según la lápida encontrada en la tumba de Favila, el funeral del rey fue oficiado por un personaje llamado Asterio, al que se califica de vate, palabra latina que quiere decir “adivino, profeta”, y que tiene similitudes en las lenguas célticas, como el gaélico irlandés oaith, que designaba a aquellos bardos que realizaban profecías y adivinaciones (por ejemplo, el mago Suibhne, equivalente irlandés de Merlín).

Cernunnos
Dios Cernunnos

Pero, todo hay que decirlo,  la continuada y muchas veces asfixiante presión católica (sobre todo en los tiempos recientes en los cuales se inició la reconstrucción y explicación al mundo del celtismo) equiparó a todas las tierras del Estado con dicha religión, por lo que se olvidó (o se quiso hacer olvidar) que en Iberia existieron celtas y que tierras del arco atlántico como Asturias, Galicia, Cantabria, País Vasco… poseían su propia identidad, su cultura, su paganismo e incluso tanto celtismo como Irlanda o Bretaña. Eso es algo que incluso en los tiempos actuales parece que se quiera obviar.

Pero los hechos son tozudos y las realidades se arraigan con fuerza en la tierra de nuestros ancestros y es así como la toponimia nos revela la unión preexistente con nuestras raíces célticas.

Veamos algunos ejemplos. La Antigua Diosa Celta Deva, deidad relacionada con el culto a las aguas de fuentes, ríos y arroyos otorga su nombre al arroyo que brota del santuario de Covadonga , el sagrado centro telúrico del país Astur anterior a su cristianización y a cuya advocación estaba consagrado dicho lugar (por consiguiente, centro céltico que no católico). Deva es el río, en el Conceyu de Xixón que dará nombre a la parroquia de San Salvador de Deva, río que delimita Asturias y Cantabria. Pero Deva, también se puede interpretar según manifiestan otros autores:

deva es una palabra céltica e indoeuropea que significa simplemente diosa, por lo que sería posible que tras esta denominación se escondieran otras divinidades femeninas como Navia o Briga. En todo caso, Deva era una advocación que, según la opinión de renombrados historiadores, etnólogos y filólogos, gozaba de gran predicamento en época pre-cristiana, tal y como testimonian topónimos como La Isla de Deva (en Castrillón)  o el pozo del Güeyu la Deva (Gijón)

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Dios Lug

Pero no solo Deva, podemos reseguir el rastro de los Dioses Celtas de manera evidente. El Cermuño de Salas y el Cermuño de la aldea de la parroquia de Coru (Villaviciosa) recuerda, tal y como se ha dicho, la figura de Cernunnos, el Dios Astado de los Bosques cuya manifestación popular y mítica engendraría al Busgosu, nombre que mantiene evidentes paralelismos con Vosegus, deidad relacionada con la flora y la fauna como defensora de la misma. Sería este un espíritu relacionado con el bosque en si. No debemos obviar este hecho de que casi con total seguridad el mito del Busgosu se engendró gracias a las influencias célticas de este Vosegus arcano.

El luminoso Lug, el Dios pancéltico por excelencia que ha dado nombre en todas las tierras donde tuvo advocación, desde Lyon (Lugdunum) a Lugo, está presente también en Asturias. Otorgó su nombre a la tribu de los Luggones y en Sieru se puede encontrar Llugones y Santa Maria de Llugas.

Belenos es otro de los Dioses célticos más conocidos. Belen, el rostro del sol, luminoso y sanador, revitalizante y purificador, da su nombre a poblaciones como San Juan de Beleño, en Ponga (de nuevo Ponga donde hallamos la simbiosis Taranis-Belenos). Belen, Belenos, Beleños…. multitud de lugares rinden homenaje al Dios Solar.

Taranis o su forma astur Taranus posee, como ya se ha apuntado, el revelador topónimo de Tarañosdios en Cangues d’Onis. Taranis, dios tonante que engendraría la figura mitológica astur del Nuberu, da su nombre a multitud de montañas y zonas elevadas. Recordamos sin ir más lejos el monte Taranes y Santa María de Tarañes. Taranu en Salas, Taraniellu en Tameza, Taraño en Corvera, Tarano en Cabrales. Pero por si dudáramos del celtismo de estas tierras y de sus costumbres es interesante recoger la tradición existente de quemar a modo del famoso ‘wickerman’ celta  “un gran muñeco de blimas y madera en Monsacro, en la cumbre del Aramu, en Asturias, al cual llamaban el Tararu y al que prendían fuego el día de Santiago ( en la iconografía cristiana aparece como un santo guerrero montando en un caballo blanco y matando moros. Además recibe el sobrenombre de Bonaerges “ el hijo del trueno”).

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Dios Belenos

Pero todo esto fue cubierto por el silencio de los siglos y por los intereses políticos de una monarquía naciente que necesitaba un reino conjuntado que pudiera hacer frente a la invasión de Muza con garantías de supervivencia. El proceso de reconquista no necesitaba tribus autónomas sino una oleada unida bajo un único poder. La religión del Dios único, poder solar autoritario, necesitaba aferrarse a la tierra y a sus pobladores mediante una nueva historia religiosa que implicaba  borrar toda leyenda, mito o historia que alimentara la certeza de un pasado celta. Desde entonces, lo celta representará la ignorancia, la incultura, el pasado a olvidar ante la realidad y el presente de un cristianismo salvador. Por ello, el proceso de cristianización será fomentado por los reyes de Asturias, que a diferencia de los monarcas de la Inglaterra pagana (como Penda de Mercia), de la Irlanda gaélica (Conn el de las Cien Batallas) o la Sajonia del siglo VIII (el duque Witikindo), no cimentaron su poder sobre las tradiciones religiosas indígenas sino que tomaron sus mitos fundacionales de los textos de las Sagradas Escrituras cristianas (particularmente del Apocalipsis, y de los libros proféticos de Ezequiel y Daniel) y de los textos de los Padres de la Iglesia, lo cual proporcionó al reinado los elementos de Poder místico y de salvaguarda de sus intereses que necesitaba la nueva monarquía. Los reyes astures, tan sólo repitieron los esquemas que tan buenos resultados dieron a Constantino cuando hizo del cristianismo la religión del imperio.

 

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