Nietzsche y la Montaña

Ya era medianoche cuando Zaratustra se puso en camino por lo alto de la sierra…
Mientras Zaratustra subía por la ladera de la montaña iba recordando las numerosas caminatas que había realizado desde su juventud, y en las muchas montañas, sierras y cumbres que había escalado.
Soy un caminante y un escalador de montañas, dijo a su corazón. No me agradan las llanuras en donde no puedo permanecer tranquilo, por ello mi destino será siempre un viaje y una ascensión…
Además sé: Qué ¡ahora estoy en mi última cumbre, y es preciso que siga el camino más duro!
¡Solo ahora recorres tú camino de grandeza, confundiendo el abismo y la cumbre! ¡¡Síguelo!!
Pero será imprescindible que sepas escalar por encima de tú propia cabeza, para poder subir más alto; y aún más allá, por encima de tú corazón! ¡Bendito sea lo que endurece!
Es necesario aprender a ver lejos para poder ver muchas cosas. Y eso sólo se consigue escalando montañas.
Para mí la cumbre es mirar hacia abajo, sobre mí mismo y sobre mis estrellas!
Te es preciso, pues, pasar sobre ti mismo para poder ascender.

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Lo espantoso no es la altura, sino la pendiente, desde la que se precipita la mirada en el vacío y se tiende la mano hacia la cima.
¡Que mi mano quiera agarrarse en el vacío, mientras mi mirada se precipita hacia la cumbre!
Así se hablaba Zaratustra a sí mismo, mientras ascendía consolándose con severas máximas…
Y cuando llegó a lo alto de la sierra… permaneció inmóvil y quedó en silencio en la noche fría, clara y estrellada de la altura…
Comprendo mi destino, ahora que se inicia mi última soledad: ¡Es necesario que descienda hacia vosotros!
Me hallo ante mi más alta montaña y mi más largo viaje.
Por eso es preciso que descienda más abajo de lo que más haya subido… y más adentro del dolor de lo que nunca he ascendido.
¿De dónde salen las más altas montañas?
Entonces aprendí que salen del mar. Está escrito en las cimas de sus crestas.
Desde lo más bajo debe alcanzarse la cumbre, la más elevada…,
Así razonaba Zaratustra en la cumbre de una montaña en donde reinaba el frío.
Zaratustra lloró amargamente de ira y de añoranza, porque estaba dispuesto para la atracción y para el amor… El amor es el peligro del solitario.
A vosotros aventureros y audaces exploradores, a vosotros que os habéis embarcado sobre mares espantosos, ebrios de enigmas, cuya alma se deja atraer por las flautas de los remolinos, os digo que he subido por un sendero hacia el abismo, subí más y la altura me oprimía el pecho, pero ejercité el valor que mata al vértigo y hasta a la misma muerte…
Con firmeza se enfrentaba de nuevo a su destino.
Mi felicidad descendió al valle buscando asilo y encontrando esas almas abiertas…
Juntos hemos aprendido a elevarnos por encima de nosotros hacia nosotros mismos.
Cuando escalaba las montañas ¿A quién si no a ti buscaba yo sobre las cumbres?
¡Toda mi voluntad, todas mis ascensiones, escaladas y viajes, no tienen otro objeto que volar en el cielo!
¡Quien un día enseñe a volar a los hombres habrá cambiado de lugar todos los hitos! ¡Debe amarse a sí mismo el que quiera llegar a ser ligero como un pájaro!

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Para ascender hay que pasar sobre uno mismo: más allá, más arriba, hasta que las estrellas queden abajo.
La cima es para mí mirar hacia mí mismo viendo las estrellas. Así hablaba Zaratustra mientras escalaba.
Solo el valor mata al vértigo, al borde de los abismos, elevándonos hacia nosotros mismos.
He aprendido a escalar; he trepado a elevadas cimas para sentarme sobre los mástiles del conocimiento.
Mi mirada va hacia la cumbre mientras mi mano se agarra para sostenerme… en el vacío.
¡Estáis vosotros, los sabios y los prudentes, muy lejos de lo que es grande! El superhombre os parecería espantoso por su bondad.
Cualquiera que fuese mi destino, el camino será para mí una ascensión. Soy un escalador de montañas…

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¿Y en dónde no se hallará el hombre al borde del abismo?
¡Hoy quiero ascender a la montaña! Allá arriba quiero verificar mi ofrenda: Transformarme en lo que soy.
Yo busco al hombre superior. Y allá arriba está el camino. Yo busco al veraz, al sencillo, al recto. A alguien con mirada transparente…
Tiene valor quien contempla el abismo con ojos de águila, quién conoce el miedo y lo domina mirando al abismo.
Yo también he aprendido a escalar con agilidad y con cuerdas ascendiendo a las cimas del conocimiento.

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