Época de celo para los Osos Cantábricos

Estamos en plena época de celo para los osos cantábricos: cada año machos y hembras dedican su tiempo al cortejo y apareamiento entre los meses de abril y junio, aunque a veces se producen excepciones, como el celo tardío que pudieron observar los equipos de la FOP en Asturias a finales de agosto de 2012. Este año los osos han salido fuertes de la hibernación y están en magnífica forma física. Los machos recorren amplios territorios, rastreando con el hocico en el suelo en busca de osas receptivas. Cuando encuentran alguna osa, comienzan los cortejos, que pueden provocar la atracción de otros osos, hembras o machos, también con intenciones de aparearse. Si el macho localiza una osa acompañada todavía por sus crías de segundo año, antes del cortejo tienen lugar los intentos de separación del grupo familiar. Estos días, los equipos de la FOP han podido observar numerosos episodios de celo, en los que participaban desde una pareja hasta seis ejemplares simultáneamente.

Los osos son animales promiscuos. La promiscuidad de las osas favorece la diversidad genética de la camada y la selección de los mejores genes y previene infanticidios, mientras que los machos aumentarán su éxito reproductor si copulan con un alto número de hembras. Algunos machos intentan mejorar sus expectativas reproductoras con comportamientos infanticidas, lo que supone atacar y dar muerte a los oseznos de pocos meses de vida con el fin de que su madre entre en celo y puedan reproducirse con ella. Para las hembras, el infanticidio es un perjuicio, porque pierden la inversión que habían hecho en sus crías, y por eso han desarrollado estrategias evolutivas como copular con varios machos diferentes para que no tengan certeza de su paternidad, y no ataquen la primavera siguiente a los oseznos, al reconocer a la hembra y considerar que podrían ser sus propias crías. Por regla general, la hembra tiene el control del apareamiento. Cuando la pareja se desplaza, la osa dirige la marcha y busca más activamente alimento, mientras el macho está más pendiente del cortejo y se alimenta con menor frecuencia. Los osos intercambian caricias con frecuencia, y los machos se arriman a menudo a los cuartos traseros de las osas, olfateándolos para comprobar su receptividad, e intentan montarlas; para ello, el macho se acerca a la hembra por detrás y la cabalga sujetándola con las patas anteriores, apoya su cuello en el de la osa y se lo mordisquea de vez en cuando. Una cópula completa incluye una o varias series de empujones pélvicos con eyaculación final, de duración variable: hemos observado cópulas que duraron 45 segundos y otras que se prolongaron hasta 50 minutos. 

Los óvulos fecundados permanecen “nadando” en el interior del útero y no se implantan hasta el otoño, cuando la osa se está alimentando de las nutritivas castañas, bellotas o hayucos. Los partos ocurren en la osera en enero, en pleno invierno, cuando nacen de una a tres crías con un peso de 300-400 g. Las crías permanecen en la osera sin ser molestadas hasta abril o mayo, cuando, con un peso de 3 ó 4 kg, salen de la cueva para explorar los paisajes cantábricos en compañía de su vigilante madre. Estos días de primavera, los equipos de la FOP ya están detectando las primeras osas con crías del año activas en la Cordillera Cantábrica. Esperemos que sea un buen año para ellas.

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