Numen hic est

Los Picos de Europa legendarios, los de los vientos, nieves, perfumes, torrenteras, flores y animales, senderos, silencios, colores, nieblas y estallidos de sol en las cumbres, los de aquellos ríos que dejan ver el perfil limpio de las piedras.

Esos Picos de Europa que cuando se ven por primera vez imponen la ley de volver a su lado, a verlos de nuevo; que otorgan al observador el convencimiento de que ya no podrá vivir sin su compañía; que regalan otra forma de sentir la vida; que invitan a otra forma de vivir.

Visitarlos es caer prisionero de sus macizos y desfiladeros para siempre. Los Picos de Europa transmiten desde sus entrañas la evidencia de que ya nuestros antepasados en el espacio y en el tiempo atribuyeron a la montaña su naturaleza dominadora y omnipresente: Numen hic estLa divinidad está aquí. Vive, se refugia y esconde en estos valles, honduras y cimas. Lo sobrenatural y prodigioso, la inteligibilidad de los sobrehumano y extraterreno puede obtenerse quizás, desde la reflexión y el recogimiento que nos envuelve y que nos da, de repente, el aliento necesario y la presencia de ánimo para abarcar con los sentidos toda su belleza.

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